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Carta a Doña Juana

001 - Doña Juana

Querida Doña Juana:

Ud. es la sucesora de Doña Rosa, personaje que décadas atrás…

No. Pará. Empezamos mal. Tachá todo lo de arriba.

Va de nuevo:

Hola, Juana:

Te cuento de qué va esto:

Vos venís a ser la sucesora de una tal Doña Rosa, personaje inventado por un famoso periodista de la época peronista – militar – peronista – militar – peronista – militar…

Doña Rosa era una especie de ama de casa, que sufría los avatares económicos, pero que no entendía nada. Entonces él le explicaba, en el lenguaje más llano posible, las bondades de obedecer a los poderes de turno.

Como digna sucesora, Juana, a vos ya no te pueden vender humo.

Es decir, lo intentan, y lo seguirán haciendo, pero vos ya no comés vidrio, aunque tampoco sos economista.

Lo mismo ocurre con los hombres de tu casa, quienes obviamente, también están invitados a leerme.

En tu casa hay gente inquieta, que utiliza los elementos tecnológicos modernos, están informados, tal vez mucho más que eso: bombardeados por datos a veces contradictorios.

Mi propuesta es contarte cosas interesantes, y por supuesto, algunas te gustarán más que otras.

Tendrán que ver con la economía, con la naturaleza, y con varias cosas más, que, créase o no, tienen que ver con tu vida cotidiana.

Entonces, vamos con la:

“Primera Ley de David”:

“Si un político o economista te explica algo y no entendés nada, hay dos (y solo dos) posibilidades:

  • Que el tipo no sepa de lo que está hablando
  • Que te esté vendiendo un buzón

Corolario:

La economía SI puede (y debe) ser entendida por todo el mundo.

Vamos a enterarnos, por ejemplo:

Por qué la deuda externa es (y será) impagable.

Por qué el Banco Central NO hace lo que debe.

Por qué vivimos una permanente histeria económica.

Por qué dependemos tanto de las “Dos buenas cosechas”.

Y hasta aprenderemos cómo abrir la sombrilla en la playa…

¿Qué tiene que ver la sombrilla con el Banco Central?

Todo tiene que ver con todo, querida Juana…

Aclaración: No esperes de mí ver a un oficialista o a un opositor. Aunque obviamente tengo mi postura política, los temas que afectan nuestra vida tienen también otras miradas.

 

 

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Qué bruto es el Producto Bruto Interno (PBI)

004 -Que bruto es el PBI

 

El Producto Bruto Interno es la suma de todos los Valores Agregados de la economía.

O sea, suma el trabajo de cada habitante, la producción, los servicios. Todo.

Un país con mayor producto bruto que otro, es un país más rico.

Los gobiernos suelen tener una infinita imaginación para “manejar” la economía. Y tienen gente muy “seria” entre los formadores de opinión como panegiristas.

Por eso, cuando se promulgó la “Ley de Convertibilidad” se puso en marcha el mayor engaño sobre el Producto Bruto Argentino de todos los tiempos.

Los 30 años anteriores a la convertibilidad, nuestro estancado producto bruto oscilaba alrededor de los 80 mil millones de dólares.

Pocos meses después del genial invento del simpático ministro de economía que supo servir a varios gobiernos de distinto signo, nuestro PBI trepó “milagrosamente” por encima de los 200 mil millones de dólares.

La sección “Economía” de La Nación decía exultante: “Acabamos de superar a México, estamos en los 240 mil millones”

¿Cómo se explica este “milagro”?

Muy simple: Veníamos de una hiperinflación, aparece la convertibilidad, pero los precios siguen su camino ascendente durante varios meses. El café bebido en un bar que costaba un dólar trepó hasta los 3 dólares.

¡Eramos tres veces más ricos!

La fantasía duró nada menos que una década, durante la cual se produjo la mayor desindustrialización de nuestra historia, el boom de los viajes al exterior, la expulsión de la mitad de la población fuera del sistema económico, la exquisitez de los budincitos daneses… y el “costo argentino”.

Otra perlita: Vivíamos en el mundo de la libertad económica. Se entiende entonces que los precios de TODOS los bienes de la economía eran libres, ¿no?

No. El valor del dólar estaba fijado ¡¡ por ley !! (la ley de convertibilidad)

Y a casi nadie le llamaba la atención. Se imaginan a los mismos sesudos silenciosos de entonces si alguna ley hubiese dicho: “A partir de ahora y para siempre los tomates en lata van a costar $ 1.- ”

¿Qué pasó 10 años después? Los mismos que apoyaban a la desindustrialización que expulsaba mano de obra decían que la devaluación había producido pobres.

Y si bien el discurso pomposo que siguió luego tuvo el nombre casi bíblico de “Modelo de Matriz Productiva Diversificada con Inclusión”, todo terminó como era entonces…

Con la diferencia de que somos 12 años más viejos…

Declaración de principios

 

Declaración de principios

Cuando decidí mi vocación científica y tecnológica era porque creía en lo “exacto”, lo “predecible”, lo “perfecto”.

Como la matemática y la física.

Las ciencias humanas y sociales, como la economía y la política que es donde más nos mienten, aparecerían más tarde en mi vida, por las razones que detallo a continuación.

¡Qué belleza la ecuación de Schrödinger!

Una ecuación diferencial que al ser resuelta nos determinaba las capas de electrones, en cantidad y en número de electrones por capa, de cada uno de los elementos de la Naturaleza.

¡La Tabla Periódica de los Elementos en su manifestación matemática sublime!

Me enamoré de las derivadas y las integrales.

De las funciones de variable compleja.

De la física cuántica.

Aunque siempre me dediqué a la tecnología aplicada.

Embebido de mis estudios de la física, elaboré con los años una teoría particular, mejor dicho un enunciado casi filosófico:

“Cada ente vivo, y en eso incluyo no solo a las personas sino a las empresas, a los países, a las comunidades, tendrían algo así como un ‘quantum’ energético que define su ubicación en el Mundo.”

Así, un vendedor de zapatillas puede hacerse rico, frente a otro que termina fundiendo a su comercio.

Hay un “algo” de valor energético, cuyo esfuerzo podría hacernos “saltar” a un estado cuántico superior (o a la inversa), y destacarnos en alguna disciplina por encima de otros congéneres u organizaciones.

Trabajo y creatividad.

Buena explicación sin pruebas, para aquellos que somos agnósticos, por lo que tampoco solicitamos pruebas a las religiones.

Se trata de creer o no.

Pero para mi desilusión, el mundo energético, matemático y siempre claro y definido en el que creía, se derrumbó de la mano de la misma física cuántica cuando me enseñaron el “Principio de Incertidumbre de Heisenberg”

El brillante físico alemán Werner Heisenberg (Premio Nobel 1932), al servicio del proyecto de bomba atómica del régimen nazi, como la mayoría de los científicos alemanes, enunció su Principio que dice (de modo simplificado):

“NUNCA PODREMOS CONOCER SIMULTÁNEAMENTE LA POSICIÓN Y LA ENERGÍA DE UNA PARTÍCULA SUBATÓMICA”

Lo cual significa que si conocemos la posición, no podemos conocer su energía, y si conocemos su energía, no podemos conocer su posición.

La misma interacción del objeto en estudio con el observador, “derrumba” la certeza.

La pregunta del millón es: Si los alemanes tenían a los más brillantes científicos cuánticos del mundo, ¿por qué no llegaron ANTES que los EEUU a la bomba?

La respuesta es especulativa y las hay varias.

Pero la más aceptada y que más me gusta a mí es:

Filosóficamente para el nazismo, LA FÍSICA TEÓRICA ERA UN DEVANEO MENTAL DE LOS JUDÍOS. NADA DE ESO SE “VEÍA” COMO LOS TANQUES Y LOS AVIONES en sus imponentes desfiles de poder y conquista.

Dicho de otro modo: la ideología nazi veía en la física teórica “invisible”, otra de las conspiraciones judías de la Historia, entre los que figuraban Max Born y Albert Einstein.

No llegaron.

El Principio de Incertidumbre me reveló que, si en lo más exacto y predecible, no podía haber “certezas”, ¿qué nos esperaría de todas las demás áreas de la vida humana, imperfecta, llena de dudas, de imponderables, de nacimiento, de vida y de muerte?

La “salida” que encontré por ese entonces, fue la lectura apasionada de libros de ciencia ficción: ahí cabía todo: lo exacto y lo fantástico.

Dos libros me impactaron particularmente:

“Hacedor de Estrellas” de Olaf Stapledon (publicado en 1939)

Una especie de incursión cósmica hacia la Divinidad, tocando temas que llegarían mucho después, como la clonación, la genética, la ecología. Un adelantado en su tiempo.

“La Tierra Permanece” de  George Stewart.

Básicamente se trata de un cataclismo que elimina al ser humano de la faz de la Tierra, quedando un puñado de sobrevivientes que se alimentan durante muchos años con latas de supermercado, mientras se van derrumbando edificios, puentes, caminos y diques.

La conclusión de Stewart es que el hombre pasa, pero “la Tierra permanece”-

Si bien ese libro se escribió en 1940 tiene para mí un significado muy actual: nuestro ego posmoderno nos permite afirmar que “nosotros” arruinamos el clima de la Tierra.

Hace 50 años los desequilibrios climáticos se debían a nuestra “bomba atómica”.

Hace 25 años se debían a nuestro producto usado en refrigeradores y su consecuencia: el “agujero de ozono”

Ahora se deben a nuestro consumo de combustible fósil: el “calentamiento global”

Claro que hay (y hubo) estudios científicos al respecto de cada uno de los “desastres producidos por la Humanidad”. Todos muy respetables, pero como en toda disciplina (que ya no más la exactitud, luego de Heisenberg), es finalmente ideológica o cuando menos especulativa.

Como diría el genial Borges (imagino): “La Ciencia no es más que un capítulo de la Literatura”

Por eso se dice que nosotros necesitamos a la Tierra, pero la Tierra no nos necesita a nosotros.

La tierra, efectivamente permanecerá, mucho más allá de nosotros.

Y muchas mentiras, que tomamos como verdades, solo porque alguien con supuesta autoridad nos lo dice, quedarán en la nada.

De eso se trata esta obra.

¡Viva la ignorancia!

002 - Viva la Ignorancia

Altísimos funcionarios suelen decir sueltos de cuerpo y con orgullo: “Yo de economía no entiendo nada, pregúntenle al Ministro”

Esto debería darles vergüenza (a ellos y también a nosotros) porque la ignorancia no es buena para la vida de uno, mucho menos para regir la vida de millones.

Pero por alguna razón, la ignorancia viene metida en nuestros genes nacionales, veamos algunas frases de nuestro acervo cultural:

“Alpargatas sí, libros no”
“Con dos buenas cosechas nos salvamos”
“Que los científicos vayan a lavar los platos”
“Hay que dejar de robar por dos años”
“Somos un país rico”

Sobre esta última afirmación, cuando alguien les diga: “Tenemos petróleo, soja, ganado, agua, todos los climas…”, Uds. contéstenle:

“El 70% de los recursos naturales y materias primas están en el Tercer Mundo, o sea, en los países más pobres, donde abunda la desnutrición, las enfermedades, y los peores indicadores de bienestar”

De esto extraemos dos conclusiones:

 

  • Tener “abundancia” NO ES ser rico.
  • Para “ser rico” es necesario hacer algo con la “abundancia”, incluso esta última puede… ser comprada a países pobres.

Sugiero buscar en nuestra cultura la causa de nuestra decadencia, antes que en misteriosas y abundantes conspiraciones del resto del mundo contra nosotros…

Yo le diría al alto funcionario que hace gala de su ignorancia, que renuncie de inmediato por inútil y estúpido.